Por H茅ctor Vasconcelos *Hace unos d铆as se cumplieron cinco a帽os de que Felipe Calder贸n asumi贸 la titularidad del Poder Ejecutivo “haiga sido como haiga sido”, por la puerta de atr谩s y en medio de la mayor crisis pol铆tica ocurrida en M茅xico en los 煤ltimos decenios.
Recientemente Calder贸n ha dicho que probablemente ser谩 recordado por los m谩s de 50 mil muertos ca铆dos durante su administraci贸n (horroriza pensar cu谩l pueda ser la cifra al final del sexenio), y que eso ser谩 una injusticia. Calder贸n se equivoca. Adem谩s de las v铆ctimas de su guerra personal, ser谩 recordado, en primer t茅rmino, por su ilegitimidad pol铆tica de origen. Ser谩 recordado como el presidente de facto que, al haberse negado al recuento de votos o a la anulaci贸n de la elecci贸n, no nos pudo demostrar a millones de mexicanos que gan贸 en buena lid las elecciones presidenciales de 2006. Ser谩 tambi茅n recordado como alguien que prometi贸 ser el
presidente del empleoy deja un pa铆s hundido en el desempleo y la falta de oportunidades educativas para los j贸venes. Siete millones de ninis y doce millones de pobres adicionales. Ser谩 recordado como el hombre que tranz贸 con los peores intereses sindicales y corporativos de la Rep煤blica para hacerse de la Presidencia. Ser谩 recordado como el
presidenteque, al igual que Fox, se neg贸 a enfrentar la corrupci贸n econ贸mica y pol铆tica que el PAN dijo combatir desde su fundaci贸n, el mismo que comprometi贸 seriamente nuestra soberan铆a con pol铆ticas entreguistas hacia el exterior. Ser谩 recordado, por quienes tienen memoria y sentido de la historia, como el enterrador, en los hechos, del Estado laico que fue durante un siglo y medio piedra angular del Estado mexicano. Son esas algunas de las prendas que nos deja en la memoria.
Todos los d铆as escuchamos, provenientes de las m谩s diversas fuentes, los reclamos por la violencia que se ha desatado en el pa铆s y que, lejos de amainar, se recrudece. Pero rara vez se subraya lo peor: la motivaci贸n que gener贸 esta guerra. Calder贸n no la inici贸 por convicci贸n o necesidad –el tema estuvo ausente de sus propuestas de campa帽a–, sino como el 煤nico medio de que dispuso para obtener la legitimidad y la iniciativa pol铆tica que las urnas no le hab铆an proporcionado. Es decir, hundi贸 al pa铆s en la violencia como resultado de un intento por subsanar una debilidad pol铆tica. Como tal, esta guerra contar谩 entre las grandes infamias de nuestra historia.
Alg煤n comentarista del c铆rculo rojo escribi贸 hace poco que hoy ya casi nadie cuestiona la legitimidad de Calder贸n. Se equivoca rotundamente. Millones de mexicanos seguimos pensando que una de las graves lacras del pa铆s es el concepto de
borr贸n y cuenta nueva. En lo personal, estoy por que se revise, as铆 sea s贸lo en el an谩lisis hist贸rico, lo sucedido en las elecciones de 1929, 1940, 1952, 1988 y 2006, las cinco elecciones que han hecho que alguien llamara a los mexicanos de hoy
hijos del fraude.
Calder贸n tambi茅n pasar谩 a la historia como el ejecutor –junto con Fox, aunque 茅ste ni siquiera era un panista de pura cepa– de la gran traici贸n del PAN de hoy a los ideales de sus fundadores. En el colmo de la iron铆a hist贸rica, Calder贸n y Fox asaltaron el poder en 2006 en nombre de un partido que, con todo y su conservadurismo anticardenista, se fund贸 para hacer valer el voto. ¿Qu茅 hubieran pensado los panistas fundadores de un contubernio con lo m谩s corrupto del sindicalismo mexicano como medio para acceder al poder y luego convertirse en reh茅n del mismo? Otro 谩ngulo de la traici贸n: Manuel G贸mez Mor铆n, figura respetabil铆sima, creador de instituciones, tan entra帽ablemente cercano a mi padre, se rehus贸 a hacer del PAN un partido de y para cat贸licos, a pesar de sus convicciones personales. Hoy ocurre lo contrario: las obsesiones personales y familiares provocaron un intento por eliminar el laicismo hist贸rico en aras de un fundamentalismo cat贸lico parroquiano e ignorante.
Quiz谩 el 煤nico aspecto del sexenio que puede considerarse positivo es el equilibrio macroecon贸mico, pero eso s贸lo halaga a los tecn贸cratas y a lo m谩s conservador del sector empresarial, sin que se haya traducido en un incremento del bienestar com煤n.
Tal es el balance tentativo de un deplorable accidente hist贸rico: el calderonato.
* Publicado en La Jornada: www.jornada.unam.mx/2011/12/11/opinion/010a1pol
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